(o no tanto)

sábado 23 de febrero de 2008

Todo te parecía más sencillo anoche. Cuando la luna llevaba mucho tiempo mirando a diminutos puntos, te levantaste de ese sofá que no te permitió unos dulces sueños. Dolorida, cansada y con presión de unos elementos que quieren quedarse alineados, desde hace (casi) un año. Era más sencillo, coherente y lógico el "mañana no". Hoy te despiertas una hora después de que lo hiciera tu despertador, y coges el móvil. Llamas, oyes su voz y, en segundos, la sencillez desaparece, y tu coherencia y lógica se resquebrajan. Pero ya has hablado, ya lo has dicho, no hay marcha atrás (crees que sigues teniendo que ser coherente), y no ha sido sencillo. Lamentas creer esas palabras que has dicho en dos ocasiones esta semana y que no les gustan oír, que no te gusta decir, que hablan de capacidad.

Lo lamento. Y también lamento que siga el cansancio y presión de elementos.

viernes 15 de febrero de 2008

Fuimos a comprar, juntos. Cosas para ellas, para nosotros. Entre frutas y verduras anulabas mi voz. Sin quererlo, lo sé. Esa no es la cuestión. Te lo he dicho. Creía que era mejor decirte que me incomoda la sensación que me produce tu modo de actuar, en casos como esos. Te intentaba explicar que me hace sentir mal la sensación que aparece, en mí, durante y después de esos, tus actos. Quería que me comprendieras. En realidad, te conozco, y no sé qué pretendía con ello; puesto que te has ofendido. Lo has considerado absurdo, y no lo entendías. No te he pedido que lo entendieras. Sólo quiero que sepas que no me gusta que lo hagas. Te has ofendido mucho. Frustración e impotencia han venido a acompañar mi jersey blanco. Eso no es respetar, no es tolerar. Respetar no es pronunciar, en una misma frase, absurdo e insignificante. Y dirigírmelas a mí. Es volver a anularme, volverme a callar. Qué paradoja, te has sentido ofendido tú. Manda narices.

Suerte que, a los cinco minutos, me ha buscado mi primer compañero de cerveza.

Y volví aquí. A una cena de silencios. De silencios incómodos. Y volvemos a dirigirnos alguna palabra, gracias a la informática; la que nos une y separa tantas y tantas veces. Pero tú y yo estamos ofendidos, e imagino que no nos lo haremos saber directamente. Manda narices.

sábado 9 de febrero de 2008

Esta noche he soñado contigo. Nuestra conversación giraba en torno al tema que me sigue preocupando. Quería haberte dicho lo que pienso y siento, pero ocurrió algo inesperado y me quedé en silencio. Cosas que tienen los sueños.

Y es que creo que no he sido tan mala.
Me gustaría pensar que no merezco que me ningunees, que yo hayas contestado a mis demandas, que esté todo estancado, que nunca te comprometieras totalmente con el nuevo propósito. Me gustaría pensar que no merezco el sentimiento que me invade.
De hecho, lo pienso.

En noches sin trabajo me ilusiono al ver tu sonrisa y nuestra relación. Pero vuelvo aquí y descubro que sólo son sueños. No hay coherencia. Me gustaría saber que te importa que hoy no me disfrace, que me hace daño lo metálico, que tengo frío, que necesito sueños.

Vuelvo

Llevo muchos días leyendo mucho. Casi tantos como días llevo sin escribir. Leo interesantes blogs de autores que trasladan una claridad que envidio. Leo viejos mensajes, palabras que añoro leer. Viejos no tanto por el pasar del tiempo como por lo lejos que quedan ya esos momentos, por desgracia. Leo muchas noticias sobre los diferentes contenidos de mi estimada "caja tonta". Leo todo aquello que no venga impreso en papel, que no puedo palpar. También leo noticias de actualidad; titulares, en negro, cuanto menos impactantes. Profundizo en ellos, a veces. He aparcado la lectura de libros. Tengo uno recomendado, a escasos centímetros de la libreta en la que escribo ésto; ésto que mañana (hoy) se puede leer aquí. Lo comenzaré en unos días, una vez finalizado el periodo de exámenes menos rutinario de cuantos he tenido hasta el momento; el que mejores y más placenteras y reconfortantes vivencias me ha permitido experimentar. Estos días también, por momentos, leo esos apuntes de esa asignatura de la que serán evaluados mis conocimientos, en la fecha de fin de dicho periodo. Fecha que posibilitará unos días de descanso, calor y soplo-esperanzado-de-velas-que-creen-sueños en un lugar que no es éste. Fecha suficientemente tardía, que impedirá que este año disfrute de purpurinas, narices rojas y antifaces de familiares y amigos, que hoy podrán ver quienes están en ese lugar que no es éste.

Quizá las lecturas me hayan motivado a volver a escribir, a hacerlo de tal manera que no tengan cabida las ambigüedades, al menos, no tantas.

Sí, este lunes finaliza este extraño periodo de exámenes, que no me ha esclavizado, que me ha dejado respirar. Con él termina la penúltima fase (¿cuántas veces habré leído esta palabra estos últimas días?. No las suficientes) de la etapa que finalizará este año: mi etapa de estudiante.
Pronto tendré en mis manos las fotos de todos aquellos con los que he compartido asientos, mesas, miradas y palabras y escrituras de profesores de pelo canoso. De muchos de los que no he conocido nada excepto sus rotros y sus sonrisas hacia otros de otro círculo interpersonal; siempre círculos, pequeños círculos. De muchos que ya no conoceré. Quizás lo haga en mayo, de corto y acompañada, en nuestras dos celebraciones.

En poco más de una semana comienzo a conocer el entorno de trabajo de uno de los posibles ámbitos a considerar en el cercano (o eso creo) comienzo de mi carrera profesional. Prácticas que tengo y no tengo ganas de hacer. Confusión, mi rasgo.

Final de etapa de exámenes con frío, mucho frío. Odiando mi mirar en el espejo, mi incesante agarre de esos kilos corporales que aparecen por momentos. Odiando mi inmovilidad, mi incapacidad de refugiarme y cerrar unos ojos que demandan una noche de sueños. Pero es que tengo tanto frío...
Odiando, de nuevo y más enérgicamente, mi angustiante inmovilidad. No es ni siquiera un periodo de reflexión, más me valdría que lo fuera. No, no me muevo, ahora no hago nada. Vivo en un salón, y volví a ver la televisión. Quizás con ello quiero intentar parar el tiempo, el mundo. Porque hacerlo retrocer, lo he intentado, quiero, no puedo.

Pasa el tiempo, pasa el tiempo y no sé si me quedé sin sueños.