Todo te parecía más sencillo anoche. Cuando la luna llevaba mucho tiempo mirando a diminutos puntos, te levantaste de ese sofá que no te permitió unos dulces sueños. Dolorida, cansada y con presión de unos elementos que quieren quedarse alineados, desde hace (casi) un año. Era más sencillo, coherente y lógico el "mañana no". Hoy te despiertas una hora después de que lo hiciera tu despertador, y coges el móvil. Llamas, oyes su voz y, en segundos, la sencillez desaparece, y tu coherencia y lógica se resquebrajan. Pero ya has hablado, ya lo has dicho, no hay marcha atrás (crees que sigues teniendo que ser coherente), y no ha sido sencillo. Lamentas creer esas palabras que has dicho en dos ocasiones esta semana y que no les gustan oír, que no te gusta decir, que hablan de capacidad.
Lo lamento. Y también lamento que siga el cansancio y presión de elementos.
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