Es madrugada. Hace un par de horas estabas exultante, eufórica. Roja. En familia, pataleando y hablando con una voz que no es tuya, que ha sido dañada estos días allí. Sales a celebrar. Vuelves, y On. Acabas de cerrar una ventana que aún te une a la ciudad de la que regresaste hace unas horas; a 'allí'. Esperabas ventana con "uves" verdes, pero te conformas con X rojas si tienen un asterisco a la derecha. Lo tienen, y respiras, por un momento, tranquila. Allí fuiste hace dos días, cuando ya habías regresado hacía seis. Fuiste en calidad de... otra cosa ya, no sabes de qué. Y hoy, tras playa y Revolver, despiertas. Y vacías, ahora sí, esos metros cuadrados. Y, con el sol de tarde, y en veinte minutos, llenas, de tres años, un coche. Dos.
No sé despedirme. Quizá, porque no suelen gustarme las despedidas. Pero hay momentos, momentos en los que necesitas algo; un algo que sólo tú puedes definir sin palabras. Porque es pared blanca, adios y (casi) fin de folios. Porque necesitabas que no pareciera que nunca estuviste ahí, ahí donde hay vacío, pared blanca. Sensación extraña. Nunca llenaste.
Dos ocasiones, y no.
domingo, 29 de junio de 2008
jueves, 26 de junio de 2008
sábado, 7 de junio de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

