(o no tanto)

miércoles, 28 de febrero de 2007

No sé si solicitas ayuda. Lo peor es que creo que sí. Lo horrible es que creo que no sé ayudarte. Que no sé si quieres que te ayude. Que no sé si sabes qué te pasa. Que creo que lo sabes y no permites acceder. Que no sé si soy alguien que pueda acceder. Que no quiero que te pase nada. Que quiero poder ayudar, si puedo. Y no sé si puedo. Si lo necesitas. Si lo pides.
Quizás no es nada. Ojalá no sea nada.

Di adiós a ese impulso. A esa causa. Como sea.
Galletas...malditas, sois sólo consecuencia.
Es mi problema. Fue un sentimiento causado por, seguramente, una interpretación malentendida. Me ha ocurrido demasiadas veces. Pero esa sensación aparece de nuevo, ahora, y también demasiadas veces...por una nueva interpretación subjetiva. Sensación que le gana a la razón. Y es mi problema llenar la montaña de arena. Pues se redujeron las horas, y yo hago reducir las palabras. Las reduzco porque interpreté que no quieren ser escuchadas. Y es un círculo vicioso, del que a veces salgo. En el que suelo volver a entrar. Es impotencia mostrar, en la noche, información acumulada, para salir de esa sensación que creó el círculo, mientras sientes que no tiene ni sentido ni coherencia. Que sobra. Y, seguramente, es una mala interpretación. Solo espero que la razón se lo diga a esa sensación.
Es añoranza, sí. Es la inseguridad de creer pender de un hilo, que ahora está débil...que creo que lo está.
Es un mundo subjetivo en el que habitan la complejidad, interpretaciones propias, memoria, refuerzos y experiencias.
Mi mundo es un pequeño pañuelo. Lleno de casualidades. Historias y objetos ligados. Encuentros. Pensamientos correspondidos y materializados. No sé la certeza de esas casualidades, pero en esos momentos creo en todo.

lunes, 26 de febrero de 2007


Me puse muy nerviosa. Quería gritar y gritaros. Sentía rabia e impotencia. Teníais unos enormes tapones en los oídos. Y un lenguaje diferente al mío. Porque decíais "rosa". Y yo os dije "rosa". Sí, rosa. ROSA. Como decíais vosotros. ¿Por qué entendíais "negro"?. ¡Que os decía "rosa"!. Como vosotros. Quise gritaros "ROSA". Pero seguíais con esos enormes tapones puestos. Y entonces dijisteis aquellas palabras necesarias y suficientes para que quisiera gritaros de nuevo. Esas palabras que me golpean y dañan. Os lo dije. Ya nos pasó días atrás. Cuando y donde yo te hablaba, agradecía y comprendía tú percibías enfado. ¡Que decía rosa, como tú!. Impotencia y rabia. Quitaos los tapones. No quiero que volvamos a querer gritarnos.

domingo, 25 de febrero de 2007

Una para todas y todas para una.
Sencillamente, genial.

sábado, 24 de febrero de 2007

No sé por qué necesito contar todo. Contarlo aquí. En el lugar que cualquiera puede conocer pero a tan solo cuatro les di la llave. Escribir y escribir. No sé.
Una tarde de risas. Muchas, muchas risas. Y disfraces, carrozas y narices heladas.
Después te acercaste. Me hiciste una pregunta de hace siete días. Me contaste qué tal te fue hace un mes. Pero tú te acercaste. Bien. Me ha hecho bien conversar contigo. Esta noche, punkis, os veo. Y sí. Nos tomamos algo juntas, como ahora me dice una voz que no oía desde hacía tiempo. Y me cuentas, esta noche, lo que no me has contado tantos días. La historia sí acabó. Pero compartimos los mismos personajes. Sigamos pues.

Y vendrán purpurinas, espadas, gorros y narices heladas.

viernes, 23 de febrero de 2007

Estos días me llevas de un lado a otro. Conduces durante muchos kilómetros, a la vez que tarareas tus canciones. A tu lado yo, intentando leer. Y leo. Leo mientras en mi mente tarareo tus canciones. Ya me las sé de memoria. Casi no se ha oído otra cosa durante esos tantos kilómetros. Y caminamos. Reímos juntos segundos antes de que volvamos a discutir por esas tonterías que sabemos que logran que lo hagamos. Volví a caer. Puedo evitarlo, pero volví a no obviarte. Sí. Ahora miras para un lado, cuando para el otro lo hago yo. Es otra vez lo mismo. Me irrito, me cabreo, no te entiendo ni comprendo. No me gusta que digas y hagas esas cosas. Caminas deprisa. Ni risas ni discusiones ya, porque has quedado con "él".
Y en la vuelta vuelves a tararear esas melodías. A hablarme de esos temas que sabes que ni me gustan, ni los entiendo. Te hablo de lo que me importa, y tú sigues tarareando tus canciones. Silbas mientras miro las estrellas. Silbas hasta que dejas de lado tus canciones y "pongo éstas, que son más actuales", me dices. "Hay otras canciones mejores. No actuales", te digo. Pero vuelves a silbar. Y agradezco que lo hicieras. Porque, en esos momentos a solas (a solas, sí, aún acompañada) aparece esa canción que no sé qué dice, qué expresa, qué cuenta. Esa preciosa melodía.
Y "él" viaja con nosotros. Con tus silbidos y mi mirar de estrellas. Tú vas a buscar eso y nos dejas a solas. Muchos minutos para muchas palabras. Pero no puedo. No es que quiera saber de él. Pero quería preguntarle. Ser capaz de preguntar a alguien conocido que desconozco. Coge su móvil. Sí. También eran muchos minutos para muchos mensajes de móvil. Puede que fuera "su excusa". No habla porque tiene que escribir "sms" indispensables, urgentes y muy, muy importantes. Era su aliado. Yo tuve que buscarme otro. No podía preguntarle porque estaba ocupada dándole vueltas a un hilo del bolso.
Y regresaste.

Y todavía, el del móvil y la del hilo, serán capaces de verse esta noche y tomar algo juntos. Siempre y cuando mañana no se acuerden.

lunes, 19 de febrero de 2007

En mi regreso. Tras escuchar historias de disfraces, premios y botellas de vino se apagaron las voces. Ahora sol y música. Y mis pensamientos. Volví a planear. Pensar y pensar, para variar, pues no hubo pregunta sobre mis horas pasadas. Pues yo tampoco comencé el "Erase una vez..." de mi cuento de dos días.
En ese momento, lo pensé. No nos merecemos dejar las cosas así. Ha de haber un final. Por ello, yo; la que nunca imaginó conversaciones con otras voces que no fueran las vuestras. La que adoraba nuestros momentos. Yo. La que hace meses estaba perdida porque no le señalabais la dirección. La que ha intentado buscar en un plano vuestro nuevo rumbo. Yo no quiero que se sumen más horas a nuestra indiferencia. Nuestra historia no merece quedarse sin un fin. Os quiero decir tanto.
Yo. La que disfruta de otras voces. La que ya no participa en nuestros momentos. La que ya se encontró. Yo pondré el punto final.
Quiero que sepamos todas que la historia se acabó.
Esto es todo, amigas.

domingo, 18 de febrero de 2007

Estás rodeada de personas. Continua mezcla de diferentes lenguas. Viajes, nuevas ciudades. Un mismo sentimiento pero en distinta persona. Y has tenido un momento para mí. Tan lejos, y me has contado todo, como siempre. Has aceptado mis palabras. Has comprendido qué pretendía con ellas. Te lo he dicho. Lo sabes, estoy contigo. Lo más fácil hubiera sido unirme a tu grito y llamarlo como lo haces, en mayúsculas. Pero no quiero hacer lo fácil contigo. Quería serenarte. Lograr aportar equilibrio a tu situación. Gracias por entenderlo. Creía que era mi deber. Gracias por creerlo tú también.
Llegó mi turno. Y te lo he contado todo. No sabías nada. Y tú, precisamente tú, me has dado la mano, cuando allí enfrente están ellas. Tú no te has movido, tranquila. Sigues en el mismo lugar. Pero cojo tu mano con fuerza.
Te echo de menos, pero te siento cerca. Te veo en mayo. Te cuento antes.
Te espero el próximo viernes. Prometo un día diferente. Promete que me dirás que todo anda bien. Que no hay incomodidad. Que vendrás con miles de folios llenos de palabras que te descubran. Llenos de melodías que descubrir. Menos mal que viniste. Menos mal que vendrás.
Cómo te echaba de menos. A tí. Tu risa. Tus palabras. Tus consejos. Compartir nuestra poesía. Nuestro modo de entender lo que el otro expresa. Añoraba tenerte cerca, y hablar mucho. Seguir aprendiendo de tí. Me tranquiliza tener certeza de que lo sabrás.

Recuerdo esos títulos de libros.
Quiero un papel en tu película.

sábado 17 (noche)


Ya. He notado que definitivamente andamos por caminos diferentes. Muy lejano el uno del otro. Y ninguna va a girar y tomar el rumbo que sigue la otra. No queremos hacerlo. Qué lejos estás.
He saludado a una completa desconocida. No sé quién es. Cómo está. Qué ha vivido estas últimas semanas.
Escribía un libro junto a esa desconocida. En el que se pueden leer confidencias, notar complicidad y admiración. Con el que se ríe. Donde queda escrito con tinta muy negra nuestros descubrimientos y crecimiento juntas. Un libro en el que aún quedan muchas hojas en blanco. Mucho espacio para volver a escribir, después de tanto tiempo. Hoy debíamos continuarlo. Hoy hemos vuelto a salir sin lápiz. Pero porque hoy, ya le hemos roto la punta.
Crucé la puerta leyendo el resumen de nuestro libro. Crucé esa puerta...y se ha cerrado la tapa final de él. No hemos escrito FIN. Ni tú ni yo.
Y voy a dejar de leerlo. El de "la 18 días sin noticias" lo dejé ya en una estantería de la casa vieja que no visito. Será su nuevo compañero. Ya comencé otros. Y otros más comenzaré.

Y todo ello, no me ha afectado.
En esos momentos a solas, aparece. Inesperadamente. Y me paraliza. No puedo moverme. Me obliga a cerrar los ojos. "Y ahí estoy. Una lluvia fina moja mi pelo mientras giro, a cámara muy lenta, con los brazos abiertos y una amplia sonrisa". Sigo quieta. Y no sé qué dice, qué expresa, qué cuenta. Sólo sé que me ha sido regalado un momento especial. Sé que ha sido regalado por esa canción. Esa canción que no sé qué dice. Esa preciosa melodía. Abro los ojos. Sonrío de nuevo.
Todo un día contigo. Esa casa, ese calor, esos cuidados. Esa manta que protege, tranquiliza y abraza, pues fue tejida por tus manos. Nuestra serie. Nuestras risas. Y otras personas, vino, tarta, leña, bingo. Un muy buen día.

sábado 17 (mañana)

Volví. Tras un largo tiempo. Las mismas calles. El mismo trayecto. ¿No sientes, cuando vuelves a cualquier lugar, que no te has marchado nunca?. Me gustó comprobar que algunas cosas siguen igual.

Fue una noche fugaz. Tan solo unas palabras intercambiadas con ellos. Un par de abrazos. El final de un largo libro. Una larga noche de sueños.

Desperté. Hay planes. Hay todo un día por delante.

viernes, 16 de febrero de 2007

idem

Tienes que saber que yo también quiero.
Irritada. Qué cara de gilipollas (perdón) se me ha quedado. No lo llevabas bien cuando acabas y estás irritada. Y creía que sí. Pero que imbécil.

Bueno. Hoy viaje. Hoy reencuentros.
Tenía un mensaje desde hacía días. Escondido. Unas palabras de unión. Un abrazo.
Respondiste a mi llamada. Quizás, creo que iba para tí la demanda, pues sé que puede que tan solo tú leas ésto.
Mil gracias. Lo sé.

Deseo que hayas disfrutado de una buena noche.

jueves, 15 de febrero de 2007

lunes (12 feb.)

Impulsivamente hice que incidiera, directamente sobre el papel, esa luz que me acompaña todos estos días. En el más absoluto silencio. Cuando reinaba la total oscuridad tras la puerta. Y es que tenía que escribir sobre ellas. Sobre las que se guardan, se entrecortan, se olvidan. Sobre las que tan solo rozan el primer trazo del mensaje real. Sobre aquellas que son derrotadas por el silencio...o por otras diferentes. Sobre las que se pronuncian con la mirada. Sobre esas que no encuentro ahora. Sobre esas tímidas que no quieren viajar por el aire y acceden a instalarse, sin miedo, sobre el papel. Sobre aquellas que has de robar porque alguien te deja sin ellas. Sobre las palabras, y su vida secreta.
Hay momentos en los que todo me parece perfecto. Todo está a favor. Algo sucede, te alegra y te ofrece el instrumento que hace que todo lo demás lo veas con una amplia sonrisa. Lo interpretes sonriendo.

Y una buena fecha. Tenía que ser hoy. Feliz cumpleaños.

lunes, 12 de febrero de 2007

Lo hablamos el otro día. Y es que resulta muy curioso. Hace unos años, todos caminábamos por calles particulares y diferentes. Caminos distintos nos llevaron a este mismo lugar. Compartimos una etapa en nuestras vidas. Bajo será el número de personas con el que podamos hacerlo. Resulta muy curioso. Me gusta.
...ahora ha de ser cuando conozcamos la ciudad.

Quién sabe dónde nos acompañará la maleta cuando se haya cerrado la etapa. Sólo sé, que os llevaré en ella.
Por primera vez no le busqué un día y una hora. Después de un momento de tan solo “suerte aparente”, la cogí, sin motivo alguno, “para uno de estos días”.
Pero no dejo de hacerlo. Paro, descanso, planeo. Sigo, hasta que, tras cinco minutos mirando folios, me doy cuenta de que me había vuelto a ir a planear, a pensar, a la calle, de viaje, al futuro, al pasado... Y veo que en unos segundos la vida puede quedarse apoyada de tan solo una cuerda; aun cuando también, pasan varios años y ni tan siquiera el viento ha podido mover la cuerda más débil de las cuatro que sujetan tu vida, impidiendo, así, cambios. En mí no había viento. Pero me (o se) cortaron tres cuerdas repentinamente. Me tambalearon las manos. Pronto veré mis cuerdas tiradas en esa plaza. Quizás las deje ahí. Quizás agarre, con todas mis fuerzas, la que me queda. No quiero caerme.
Lo que más me inquieta es que hay un fin.

sábado, 10 de febrero de 2007

miércoles (7 feb.)


Sí. Es más fácil sonreír. O, al menos, tiene mejores consecuencias para todos.
Si no me acompañas, reiré conmigo.

Por momentos abro tanto los ojos que esa luz me obliga a cerrarlos rápidamente. Ahí estoy, caminando por una larga alfombra roja. Con mis mejores galas y capturada por continuos destellos de luz pues, hace algún tiempo, he cumplido una de esas cosas que apunté entre mis siete deseos. Mi mundo paralelo se ve con las persianas bajadas. No las subas aún. Antes ya me dio la luz, y decidí que quiero ésto que veo con los ojos abiertos. Quiero hacerlo bien, pues así haré estar bien. Está decidido, y está bien, pues es otro de mis deseos. Pero déjame disfrutar de estos últimos minutos de oscuridad. Tengo que dejar la puerta abierta. Quién sabe. Quizás algún día, mis ojos vean esa larga alfombra roja.

Hay un lugar donde el sueño se une a la realidad. Espero llegar.

Metas. Cortas, medias, largas. Impuestas o decididas, por otros o por ti. Conseguidas, abandonadas o relegadas para otro día. Personas que las buscan, las encuentran, las superan. Las mismas que desaparecen del juego: lo abandonan, los retiran o lo acaban. Y aparecen nuevos jugadores, no voluntarios, que abandonarán, serán retirados o acabarán el juego antes, durante o después de descubierto.
Muevo mis fichas y avanzo por él. Juego contigo.
Te habías marchado para siempre. Me faltaba el aire. Desapareció mi voz. Ya no me quedaban lágrimas. Nunca había sentido tanta impotencia, miedo, angustia y desesperanza. Estaba perdida. Todos lo estaban...hasta que desperté.
Hubiera pasado la noche en vela.