(o no tanto)

domingo 2 de marzo de 2008

Hace unas horas la he escuchado: "Paloma". Me he acordado de ti. Hay un condicionamiento claro. También estaba siendo cantada por otro que no es el autor de ella. Por otro que tampoco eres tú; que la cantabas acompañado por la guitarra que antes pertenecía a nuestra hermana mayor, y acompañado por tu fan incondicional, por tu única espectadora (pues así lo querías), por tu admiradora: por mí. Me he ido lejos de ese autobús; ya no estaba rodeada de conversaciones sobre el fin de semana, ni de mochilas y bolsos de idas y/o regresos a mundos, a vidas. Me he ido al lugar del que vengo. Esa canción me ha trasladado a la habitación con paredes con pósters de carátulas de cine, con cientos de cintas de música, revistas y juegos, con varios instrumentos musicales y con unos cuantos muñecos de peluche. A esos momentos en los que te veía y escuchaba, a ti, a tu guitarra; tus deliciosas versiones, tus bellas creaciones. Esa canción me ha hecho recordar a ese autor que escuchábamos entusiasmados en el casete; que servía de banda sonora a nuestros "minutos apostados", de quien grabaste un concierto inédito radiado en el casete una de nuestras muchas tardes; en una de tus muchas cintas. Autor de aquélla otra canción que también cantabas, cuyo título me dedicabas, decías. Yo era una niña, y tú mi compañero de juegos, sueños y aprendizajes. Cuánto me alegro de tu felicidad. Eres un genio; eres grande muchacho. Y yo tu fan incondicional.