domingo 20 de julio de 2008
Días de 'hay que conducir, si las circunstancias lo permiten, por el carril derecho', de cervezas vespertinas y nocturnas, de agua municipal, de inminentes batas blancas, de 'enhorabuena, ¿qué piensas hacer?, de risas semanales, de hipótesis, de viejas y extrañadas camas, de llamadas. Este verano, así. Tic verde.
lunes 7 de julio de 2008
Feliz. Lo gritaría. Lo he gritado. Si ayer fue uno de los peores días de mi vida, físicamente hablando, hoy estoy feliz. Lo he visto. Hay un "visto", como denominábamos en el colegio, de niños, a esas "uves" verdes, rojas o negras. Al lado de los 6 créditos está esa "uve verde". Está. Quedan 0 créditos por superar. Soy p. Y ahora, ¿qué?
jueves 3 de julio de 2008
Estoy a 6 créditos y tres meses de darle a "enhorabuena" sentido. Y a 220 kilómetros. De estar allí, hoy charlaría con él, con B. Sé que, desde hace un tiempo, solo añora palabras dichas. La escritura y la música era mi único medio de comunicación con él. Siempre quedaría esa cerveza con sabor 0'0 despedida. Ya no. Estoy a 220 kilómetros, y lo lamento.
Hace unos días visité el rincón de los libros del pueblo. Llevaba tiempo sin pisar ese suelo. Buscaba algo de Umbral; unos títulos no recordados. No los encontré, y sigo sin recordarlos. Pero en mi mochila hay uno de ellos, un no recomendado, pero Umbral. No me gusta dejar libros a medio leer, con un separador sobre la página número 62. Pero para leerle a él se hace, merece. También, desde hace esos días, no le leo. Es mi libro sobre la hierba, con pelo mojado, en la sombra. Hoy, hace esos días que no vuelvo a mojarme. El sol y la noche me han dado fiebre. Esas noches, de televisión en esa casa, tocando la cabeza de tu hermana al ritmo de la cabecera de MN. Durmiendo en esa casa, sin dormir bien. Tienes frío y calor. Tienes imágenes y pensamientos. Quieres dormir, soñar. Lo logras, tras una hora de frío y calor, imágenes y pensamientos, y cambios de posturas y almohadas. Los días son buenos. Hay sol, hay risas, hay Los Piratas, a volumen 34, gritando casi sin voz con Maravillas. Hay besos maternos, y adiós con muecas, bromas y manos, como si nos fuéramos para más de un día a una casa a más de un kilómetro de distancia.
Hay cosas. Y un fin de semana por delante con ellos. Me apetece tanto, con ellos.
Hace unos días visité el rincón de los libros del pueblo. Llevaba tiempo sin pisar ese suelo. Buscaba algo de Umbral; unos títulos no recordados. No los encontré, y sigo sin recordarlos. Pero en mi mochila hay uno de ellos, un no recomendado, pero Umbral. No me gusta dejar libros a medio leer, con un separador sobre la página número 62. Pero para leerle a él se hace, merece. También, desde hace esos días, no le leo. Es mi libro sobre la hierba, con pelo mojado, en la sombra. Hoy, hace esos días que no vuelvo a mojarme. El sol y la noche me han dado fiebre. Esas noches, de televisión en esa casa, tocando la cabeza de tu hermana al ritmo de la cabecera de MN. Durmiendo en esa casa, sin dormir bien. Tienes frío y calor. Tienes imágenes y pensamientos. Quieres dormir, soñar. Lo logras, tras una hora de frío y calor, imágenes y pensamientos, y cambios de posturas y almohadas. Los días son buenos. Hay sol, hay risas, hay Los Piratas, a volumen 34, gritando casi sin voz con Maravillas. Hay besos maternos, y adiós con muecas, bromas y manos, como si nos fuéramos para más de un día a una casa a más de un kilómetro de distancia.
Hay cosas. Y un fin de semana por delante con ellos. Me apetece tanto, con ellos.
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