(o no tanto)

jueves, 5 de abril de 2007

Llegué tarde. Te dije que hasta las 10 no os podía acompañar. Si quedáis media hora antes...claro que llegaría tarde. Si, la impuntualidad que me caracteriza. Dos fríos besos. Ninguna aportación a las decisiones. Ocupé el libre asiento. En el extremo. Le pregunté qué tal. "Luego hablamos. Estamos lejos", le dije. Como lejos quedó el mes en el que por última vez nos vimos. Qué frío. Observé sus caras. Sus risas cómplices. Todo igual que siempre. Entre ellas. Llené mi vaso. Me dediqué a disfrutar de la comida. Y de la bebida. Muchos vasos se vaciaban. Miré y cantaba un pintado Bowie. Volví a llenar mi vaso. Y me reía de la situación. Y me reía con ellas. Extrañas compañeras de risas. Guitarra. Las canciones de siempre. Una mirada externa vería un grupo unido. Lo éramos. Volví a llenar mi vaso. Hizo efecto. En la calle hablamos. Una charla que bien no recuerdo. En la que decidimos volver a empezar. Empezar de cero y medio. Y no sé bien por qué. Y muchos abrazos y vasos llenos. Y vacíos. Sería otra quien los daba. Quien hablaba. Sería la que bebía. Otra que tampoco disfrutaba. Pero de hablar no paraba. Abrazos que quitaban el frío.

Hoy amanecí con dolor de cabeza. No sólo por los vasos vacíos.

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