(o no tanto)

sábado, 10 de febrero de 2007

Te habías marchado para siempre. Me faltaba el aire. Desapareció mi voz. Ya no me quedaban lágrimas. Nunca había sentido tanta impotencia, miedo, angustia y desesperanza. Estaba perdida. Todos lo estaban...hasta que desperté.
Hubiera pasado la noche en vela.

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