(o no tanto)

lunes, 12 de febrero de 2007

Por primera vez no le busqué un día y una hora. Después de un momento de tan solo “suerte aparente”, la cogí, sin motivo alguno, “para uno de estos días”.
Pero no dejo de hacerlo. Paro, descanso, planeo. Sigo, hasta que, tras cinco minutos mirando folios, me doy cuenta de que me había vuelto a ir a planear, a pensar, a la calle, de viaje, al futuro, al pasado... Y veo que en unos segundos la vida puede quedarse apoyada de tan solo una cuerda; aun cuando también, pasan varios años y ni tan siquiera el viento ha podido mover la cuerda más débil de las cuatro que sujetan tu vida, impidiendo, así, cambios. En mí no había viento. Pero me (o se) cortaron tres cuerdas repentinamente. Me tambalearon las manos. Pronto veré mis cuerdas tiradas en esa plaza. Quizás las deje ahí. Quizás agarre, con todas mis fuerzas, la que me queda. No quiero caerme.

No hay comentarios.: