¡Qué inesperado fue! Escuché, tras muchos años, tu voz al teléfono. Me llamabas, preocupada e interesada por mí. Lo desconocía, y me lo hiciste saber. Hablamos del ahora, sin apenas conocer nuestro pasado ya. ¡Qué ilusión más inesperada! Gracias, y mil gracias. Espérame, de blanco, en agosto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario